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29 de diciembre de 2010

El peor enemigo de un gatuno

Pues sí, pese a que durante los primeros días parecía no importarles, al final el miedo se ha apoderado de ellos y han tenido que recurrir a ese escondite en el que nunca van a poder encontrarlos. Y es que es encender la aspiradora y ver a mis gatunos corriendo por el piso en busca de algún escondite en posición elevada en el que ni se les acerce el temible aparato.

Mi gata, Iona, tiene su escondrijo asignado, y rara vez lo cambia: encima de la nevera. Desde ahí divisa todo lo que se acerca y se mueve, y de paso controla a la canaria que tiene su casita en una jaula situada a la misma altura. Total, que aprovecha el tiempo que está escondida para planificar lo que podría llegar a ser la captura de una futurible cena.

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En cambio, mi gato Iris prefiere tumbarse encima de la cama e ir mirando por dónde ando con la aspiradora. Que el buscar un escondite es perfectamente compatible con que éste sea cómodo y reconfortante. Faltaría más.

Así que eso de que el peor enemigo de un gato es el perro... pongámoslo en duda.

17 de noviembre de 2010

Por fin comida de verdad

Sí, lo entiendo. Cuando uno lleva más de un año y medio comiendo pienso día sí, día también, se acaba cansando y vuelve a sus instintos primitivos y cazadores. Y más aún si estamos hablando de un gato.

Tengo dos gatunos, y siempre me había hecho mucha gracia que cazaran moscas, jugaran con ellas, y que luego se las zamparan. Hasta ahí bien, bravo. Lo que no me hace tanta gracia es que hayan pasado a la caza de otro tipo de seres vivos. Y es que el otro día, sin ir más lejos, empecé a escuchar como uno de ellos se enfadaba y gritaba, así que fui a ver qué sucedía, si es que se estaban peleando entre ellos, y me encontré con esto:

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Y esto ya no hace tanta gracia. Menos aún cuando, en alguna ocasión, me he encontrado en el suelo de la cocina con manchas de sangre pertenecientes a sus víctimas. O eso, o me topo con una lagartija corriendo por el pasillo, muerta de miedo, mientras mis dos gatunos se la miran con fruición.

Pero no hay mal que por bien no venga: almenos mientras se ocupan de posibles inquilinos que vengan de fuera, dejan en paz a la pobre canario, que la tengo en la jaula acojoná, siempre vigilada por ellos dos. Benditos gatunos.